El militante de la izquierda surcoreana, Lee Seok-Ki, fue juzgado y luego condenado por la “independiente y democrática” justicia de Seúl, a 12 años de reclusión más otros 10 de privación absoluta de sus derechos civiles, que correrán a partir del cumplimiento de la condena privativa de su libertad.
La justicia de Corea del Sur así lo sentenció y no se anduvo con vueltas para justificar semejante condena; su fundamento rezaba: “Vemos pruebas suficientes de que el acusado participó en organizar actos de protesta y planeó su realización”.
La justicia de Corea del Sur así lo sentenció y no se anduvo con vueltas para justificar semejante condena; su fundamento rezaba: “Vemos pruebas suficientes de que el acusado participó en organizar actos de protesta y planeó su realización”.