jueves, 1 de septiembre de 2011

Cobertura de la Agencia Venezolana de Noticias sobre el 42 aniversario de la revolución libia.


Inspirado por el nacionalismo del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, el 1 de septiembre de 1969 el entonces coronel Muammar Al Gaddafi sería la cabeza visible de la revolución que derrocó la monarquía de Emir Ayed Idriss El Senussi, quien había llegado al poder con el nombre de Idris I.

Antes del levantamiento militar, Libia había sufrido el colonialismo italiano hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial y, recién en 1949, Naciones Unidas declaró la independencia del país del norte de África, que se hizo efectiva en 1952.

Rechazada por Estados Unidos y las potencias europeas, la denominada Revolución Verde sacudió al continente africano, principalmente con sus primeras medidas: nacionalización de empresas, de la industria petrolera y los bancos, además de la aplicación de la reforma agraria e impulsar, en diferentes oportunidades, la unión concreta de África como un solo Estado.

Un duro golpe contra el imperialismo fue la decisión de Gaddafi de cerrar todas las bases militares extranjeras que existían en la nación, como también su postura de denuncia ante las violaciones de derechos humanos cometidas por Israel contra Palestina y Medio Oriente.

El 1 de marzo de 1977, el líder libio proclamó la Jamahiriya -o Estado de las Masas- Árabe Libia Popular y Socialista, basada en un gobierno directo surgido del pueblo mediante la participación, ideas que Gaddafi dejó expresadas en el Libro Verde, su obra donde plasma los objetivos de la denominada “tercera vía universal”.

Al poco tiempo de aplicar las primeras medidas, en Libia el nivel ya había crecido de forma acelerada y, coinciden varios analistas, el rol de la mujer en la sociedad fue rescatado, logrando una igualdad nunca antes conocida.

En la década del 80, Libia fue blanco de diversas agresiones, incluidos varios intentos de magnicidio, siendo la más recordada el bombardeo ordenado por el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan en 1986, contra las ciudades de Trípoli y Benghazi.

En esos ataques además de la muerte de civiles, fue asesinada Hama, una de las hijas de Muammar Al Gaddafi.

En esas década Libia también mantuvo duros enfrentamientos militares con Chad, nación limítrofe, en ese momento sostenida y financiada por Francia.

A partir de 1982, la nación árabe fue víctima de las primeras sanciones económicas decretadas por Estados Unidos, como las restricciones para la importación de petróleo o la prohibición a los estudiantes libios en Norteamérica a tomar cursos de aviación.

El gobierno republicano de Reagan además ordenó a sus aliados no negociar económicamente con Libia.

Así y todo, el Estado libio mantuvo sus beneficios hacia la población, como la educación y salud gratuita, llegando al siglo XXI con los mejores niveles económicos y de vida en toda África.

A principios de 2000, el gobierno inició un proceso de liberalización económica, sobre todo relacionado a la explotación de petróleo, por lo cual empresas transnacionales llegaron al país, mientras Estados Unidos y las potencias europeas levantaban sanciones impuestas una década atrás.

En mayo de 2006, la Casa Blanca anunció la retirada de Libia de la lista de países terroristas y el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas.

Impulsor de la creación de la Unión Africana (UA), inspirador de movimientos de liberación tanto en el continente negro como en América Latina, Gaddafi se ha transformado con el paso de los años de un rebelde e impulsor del antiimperialismo, a un dirigente que tejió alianzas que le trajeron el rechazo de varios países del Medio Oriente, sobre todo por sus relaciones con Israel, algo que al inicio de la Revolución Verde era impensable.

Con 42 años de proceso revolucionario en Libia, hasta hace unos meses atrás se observaban las particularidades, aciertos y errores de un sistema de gobierno que llevó al país a ser una de las más solventes de África, siendo el tercer productor de petróleo de ese continente.

Ahora el país ha caído en una profunda crisis humanitaria y los civiles muertos aumentan con el paso de los días. La estabilidad y unión de las tribus del territorio se ven cada vez más resquebrajadas. Un resultado de este tipo, en tan poco tiempo, tiene el sello inconfundible de la Otan.

Fuente: http://www.avn.info.ve/node/75168

1 comentario:

Jose Luis Forneo dijo...

La Revolución libia todavia no ha llegado a su fin. Las hienas imperialistas tendran que sufrir mucho en los proximos meses o años (lo que haga falta) hasta que el pueblo libio vuelva a recuperar su libertad.

Saludos

PD. por cierto, en España y en Europa en general el aniversario no se ha recordado, ni siquiera para criticarlo.

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